Cuando el cine levanta la mano

Hoy os traemos una entrada sobre el cine español en los años 70, escrita por nuestro colega David Marcotegui Nuin. Pronto la entrada de Man Ray, lo prometo.

Borja


Siempre hay algún rebelde en la clase. Un valiente que se atreve a contradecir al profesor o plantear la cuestión latente en los adentros de cada compañero. En España, el cine social levantó la mano, especialmente, durante los años setenta.

En los últimos coletazos de la dictadura, el país resultaba recalcitrante y hostil a las nuevas generaciones. En este ambiente, Sandra, una estudiante universitaria, defendía en una clase de ética la experiencia prematrimonial–concepto que da nombre a la película de Pedro Masó (1972) –como paso previo al matrimonio. Otra joven también se desmarca de la moral tradicional en La trastienda (1975) de Jorge Grau. Esta enfermera inicia una aventura amorosa con el religioso doctor Navarro, en plenos San Fermines. No obstante, el filme es famoso por contener el primer desnudo integral de nuestro cine.

Como se ve, estas películas hacen tambalear las estructuras sociales y el pensamiento de la época. Pero no dejan de ser historias artificiales y moralizantes. Después del escándalo no tarda en aparecer la figura del padre, hermano o guía espiritual, quien termina por reconducir al protagonista. La censura. A pesar de ello, los personajes se mueven aireando la hipocresía de la sociedad española.

La trastienda

Bueno, ¿y qué pasa al final de los setenta, ya sin dictadura? Pues que el cine social se adentra en temas más personales e íntimos; galimatías de difícil resolución. Y con libertad total. Además suele aparecer como telón de fondo la cuestión política: hay que reconstruir el país entre todos. Fijémonos, dentro del mare magnum, en dos films que se centran en la vida de dos locutores de éxito durante la transición.

El locutor de Solos en la madrugada (José Luis Garci; 1977), refleja la frustración de los adultos nacidos en el franquismo; mientras que Al servicio de la mujer española (Jaime de Armiñán; 1977) muestra un clásico consultorio femenino. Es decir, se nos dibujan dos actitudes patentes en el español medio: pesimismo y estancamiento.

En ambas películas, los protagonistas experimentan un cambio vital a través de sus amoríos. Pero ya no se trata de una vivencia circular, pues sus relaciones los transforman completamente. El consejero moral deja de ser escuchado e irrumpen personas traumadas, homosexuales, extranjeros,… Personajes modernos que les sacuden por completo y les llevan a sus mundos.

Debemos tener en cuenta que la radio ocupaba un lugar importante en los sobrios tiempos del franquismo. Así, la figura del locutor sirve de espejo al ciudadano de a pie, además de suponer una autoridad que se suma al cambio junto con la clase política.

Sin duda, la gran pantalla jugó un papel fundamental en aquella época, ya que puso sobre la mesa todos los miedos y preguntas del momento, contribuyendo al debate. Sin embargo, muchas de estas películas terminan por hacer, expresamente, apología de una solución a la existencia. Y no mola en absoluto.

Por eso, tal vez Solos en la madrugada sea una de las películas más valiosas. Es sincera. El personaje interpretado por José Sacristán únicamente nos dice que la clase ha acabado, que se ha ido el profesor, y que solo el alumno por sí mismo puede decidir qué hacer el resto del día.

Solos en la madrugada

David Marcotegui Nuin

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